Cómo vivir sin metas, versión práctica

Hace no tanto tiempo, cuando me encontraba ante una disyuntiva de cualquier tipo, pero especialmente en lo profesional, y tenía que tomar una decisión respecto a algo, creía que una buena manera de aclararme era hacerme la siguiente pregunta: “¿está esto acercándome o alejándome de mis objetivos?”. Mis objetivos, por eso, tampoco estaban tan claros meridianos o había varios en la misma línea, así que muchas veces seguía sin respuesta porque quizás lo que me acercaba a una cosa (por ejemplo, ganar más dinero) me alejaba de otra (por ejemplo, ser más útil al mundo) o de otra (por ejemplo, conseguir más seguidores) o de otra más (por ejemplo, ser fiel a mi creatividad más cruda).

No conviertas tu vida en Pekín Express

¿No te ha pasado alguna vez que el día que cambias de ruta para ir de casa al trabajo pasa algo maravilloso, te encuentras algo, a alguien, o descubres una tienda exquisita? ¿No te ha pasado que llegas a la biblioteca queriendo buscar un libro concreto y te descubres sacando de la estantería algo inesperado que resulta ser la mejor novela que has leído en los últimos años o que es justamente lo que necesitabas leer en estos momentos? ¿Te has ido alguna vez de viaje repentino y sin preparar absolutamente nada ni leer media guía has descubierto un lugar que te ha cambiado la existencia? ¿Has hecho algo inesperado alguna vez y te has acabado maravillando de lo que ha pasado después, como si hubiera una fuerza empujándote en esa dirección para que cambiases tu rigidez y tu rutina?

El año en que me di cuenta de que era workahólica

En 15 días hará un año desde que juntamos nuestras pertenencias en un camión enorme y nos vinimos a vivir al campo.
Este, por muchos motivos, no ha sido un año fácil o alegre. Pero ha sido el año que más me ha enseñado de mí misma en toda mi vida. 32 contra 1 y el pequeñín que llegó el último les da una paliza de muerte al resto.

DebTV con Lucía Be: Emprender con buen gusto

Y aquí llega el último post de la temporada 2013-2014, el último post del curso hasta que volvamos en septiembre, y llega con uno de mis seres favoritos de la blogosfera. La llamo ser porque a veces pienso que no es muy de este planeta: madre de dos hijos (cuando hicimos la entrevista el verano pasado sólo tenía uno!), con un sentido del humor inagotable, viviendo en el campo por amor, dibujando bonito pero bonito de verdad, con una empresa que se atreve con todo y que exige montón de creatividad cada día y encima hiperactiva en las redes sociales. Es de esas que dices ¿cómo **** lo hace todo? Pues bueno, ya lo dice, sin salir de casa demasiado.

Emprender no garantiza la felicidad

He pensado que todo esto del emprendimiento se está haciendo una bola muy gorda y muy pesada. Y quizás no pasaría nada en realidad porque fuera una bola muy gorda y muy pesada que nos está engullendo a todos, emprendedores y no emprendedores, si no fuera porque a veces tengo la sensación de que tantos recursos y tantas lecturas y tantos cursos y tanta información y tanto mito sobre las maravillas del emprender no animan tanto a los que empiezan como les cargan de presión innecesaria y trabajo superficial.

Lo que “Moneyball” enseña a los emprendedores

No voy a hacer ningún spoiler, pero para poner en situación a quien no la ha visto, Moneyball trata de la historia –real- de Billy Beane, de los Athletics de Oakland, un equipo de baseball muy pequeño que consiguió petarlo y competir con los equipos de las Grandes Ligas con un presupuesto infinitamente más reducido que ellos, pero usando un método propio basado en la estadística. El método en cuestión ponía en juego las reglas que habían regido el baseball hasta entonces.