Me llamo Deb.

En 2012 empecé Oye Deb, donde creo formación online para personas despiertas que quieren ser más ricas por dentro y por fuera sin seguir instrucciones de nadie. ¿Te gustaría ser tu propia gurú?

Carta 2/2022

He tenido que mirar cuándo mandé la última Carta. Ha pasado demasiado tiempo. No recuerdo haber hecho una pausa tan larga desde que empecé a escribir en internet, hace más de quince años.

No es que no haya escrito nada. He empezado, o incluso terminado, por lo menos seis o siete Cartas. No las envié, me parecían confusas. Y lo eran, porque el momento que estoy atravesando es confuso. Pero cuanto más tiempo pasaba, más difícil me resultaba arrancar, como si tuviera que empezar con algo muy bueno, como si volver a entrar en tu vida y en tu buzón necesitase de una obra maestra que lo justificara. Ay, la exigencia.

También me he estado cuestionando mucho qué hago contando cosas a gente que no conozco, y en qué mejora eso algo para alguien, o para qué lo necesito yo. A veces pienso en callarme para siempre y dedicarme a cualquier cosa que no tenga mi nombre por delante y luego me pregunto qué otra cosa sabría yo hacer mejor que esto. No tengo respuesta, por el momento.

Así que aquí estoy, de nuevo. Y hoy, para conseguir escribir algo que no vuelva a quedarse en mi ordenador, voy a hacer una lista. Sencilla, ordenada, nada confusa (espero).

Veinte cosas que he hecho, pensado o atravesado en los últimos meses:

  1. He pasado cientos de horas documentándome para un curso nuevo que me hacía mucha ilusión crear (te lo conté aquí) —igual llevo leídos cuarenta o cincuenta libros y tomado, sin exagerar, más de quinientas páginas de apuntes—, pero en el proceso se ha transformado en otro curso diferente (en el que, de hecho, también llevo años pensando). Y al ir desarrollando este otro me he acabado dando cuenta de que quizás nada de esto sea lo que quiero hacer ahora mismo profesionalmente. Y lo he dejado reposar todo.

  2. Ha vuelto a surgir otra idea que viene y va desde hace mucho también, pero que me da un poco más de miedo por varios motivos (un poco injustificados en realidad). Y sé que seguramente ese miedo indica que vale la pena explorarla pero, mira, aún no me atrevo.

  3. Hemos decidido cambiar a Ray de colegio y hemos conseguido plaza en uno que nos gusta mucho, lo cual es casi un milagro. Eso nos va a hacer cambiar de barrio, lo que nos da mucha pena, porque ahora estamos en una zona que nos encanta. Sé que hay a quien no le importa pasar tres horas de la jornada en traslados de ida y vuelta al colegio, pero a nosotros, que trabajamos en casa, la sola idea nos pone los pelos de punta. Así que nos mudamos. Otra vez.

  4. Parece que esta etapa de mi vida va de volver al origen porque, además de tratar de recolocar la empresa en el punto en el que estaba cuando simplemente la formábamos Arieh y yo (te lo conté aquí), ahora vamos a volver a mi barrio de siempre, cerca de mis padres y de los escenarios de mi infancia. Y me hace ilusión. A Arieh no tanta, claro. Es un barrio humilde, viejo y feúcho, sin nada que hacer. Pero se ve la montaña desde los balcones soleados con ropa tendida y geranios de colores. Y qué más podría yo querer.

  5. En la misma línea, después de haber intentado comprar perfumes y colonias diferentes durante varios años, para encontrar algo que me representase y salir del que había estado usando desde prácticamente siempre, en un acto de honestidad radical, he comprado un nuevo frasco del antiguo. Y me ha hecho sentir bien. Más que bien. Es este. Lo comparto porque no quiero que lo descataloguen nunca y quizás si más gente lo compra no ocurra. Quiero llegar a vieja con él y no dar más vueltas innecesarias.

  6. He tenido prácticamente cero vida social. Me he culpado por ello, he culpado a los demás y por fin he aceptado que, sepa o no sepa por qué me pasa esto, si no tengo ganas de comunicarme y estar acompañada, no me comunico y estoy sola. Y eso está bien. Y si quiero ver a alguien, aunque haga años que no tenemos contacto, pues le escribo y lo intento. En fin, Relaciones 101, respetando lo que yo necesito y lo que yo deseo en vez de atendiendo lo que me figuro que necesita y desea el otro (sin preguntarle siquiera, que es aún peor).

  7. La vida social digital que tenía (y eso incluye conversaciones por WhatsApp) ha muerto porque se me ha estado haciendo un mundo contestar hasta los más simples mensajes. Incluso los de la gente que me gusta y a los que querría hablar si nos viéramos en persona. No sé por qué. Quizás he vivido una saturación tecnológica. Quizás simplemente la dificultad comunicativa que traía se ha hecho más grande por este medio que parece tan cercano pero es, en realidad, tan lejano.

  8. Mandé una pregunta en Instagram para que me dijerais si conocíais lugares donde ir con mi perro a escribir unos días. Una persona a la que no veía hacía años (pero qué ilusión reencontrarnos, y en persona, y para comer, todo como debe de ser) me ofreció su casa en un pueblo minúsculo en lo alto de los Pirineos. Y fui. Y cuando pensaba que iba a escribir cosas del curso que tenía entre manos, acabé escribiendo el borrador de una pequeña nouvelle de autoficción que apareció por sorpresa y me hizo observar muchas cosas importantes de mí misma que había estado negando hasta el momento. Carnaza para terapia y un nuevo frente abierto en mi autodescubrimiento.

  9. Descubrimos que el programador con el que habíamos trabajado para la nueva web, después de habernos dejado seis meses con la web inutilizada y acabar por intentar reventar la web —y después de gastar más dinero en otros programadores para intentar acabar el trabajo—, lo que había estado haciendo era un desastre impracticable y ahora vamos a tener que ponernos a crear otra web desde cero. Imagínate la felicidad. Ninguna. Bajo cero.

  10. He llevado a Ray al Primavera Sound y hemos cantado las canciones de Amaia gritando como locos. Sobre todo cuando dice “mandar todo a la mierda”.

  11. En el mismo festival, por primera vez he elegido ir sola a los conciertos que yo quería ver en vez de esperar a que mis amigos coincidieran e ir a la hora que yo quería y largarme a la hora que yo quería. La mejor decisión del mundo y varios conciertos geniales que de otro modo no habría visto. Nunca más presión de grupo para nada.

  12. He leído un montón. Quizás esto lo desarrolle más adelante, en otra Carta.

  13. He silenciado a cientos y cientos de personas en Instagram. No por ellas, sino por mí. Sienta muy bien. Ahora básicamente mantengo a gente que cuida plantas, gente que pinta, gente que decora interiores o los enseña y gente que hace fotos. Solo cuentas que no me hacen sentir ansiedad sino tranquilidad.

  14. He empezado a pintar con pinturas y pinceles y manchas en la ropa (empecé con el iPad pero no es lo mismo ni de lejos). Porque sí, sin objetivos.

  15. He tenido una idea para un disco. No sé hacer música, pero igual me doy la oportunidad y lo intento. Ni que sea un tema. Porque sí, también.

  16. He comprado más velas de las que puedo llegar a consumir. Estoy muy en el mood de velas y cada vez que me siento a trabajar enciendo una. También he comprado muchos cristales de colores de esos que son como un obelisco. No por sus propiedades, sino porque sí, porque son hermosos y me alegran la vida.

  17. He plantado muchas tomateras en macetas y están saliendo tres limoneros a partir de los huesitos de un limón. Ir a ver las plantas cada día es gozoso y se me había olvidado porque desde que vine aquí pensé que no tenía sentido plantar nada en este ambiente sucio y polvoriento. Bueno, pues sí. Igual no son las plantas más felices pero tenía sentido para mí.

  18. Los Reyes me trajeron una bici por primera vez en mi vida, pero ahora que viviré en un sitio con demasiadas cuestas no sé qué voy a hacer con ella y me sabe mal, un poco como dejar a alguien que justo te empezaba a gustar porque te cambias de ciudad o de país. O de barrio.

  19. Me teñí el pelo un día que nos habían dicho que no por segunda vez en un piso que nos gustaba y me quedé muy deprimida. Soy claramente de las que, cuando se sienten regular o notan que vienen cambios, se hacen algo en el pelo. Igual tú también seas de esas. Arieh no lo entiende y trata de evitar el desastre pero nunca lo consigue.

  20. Veinte años después, me he dignado a ir a recoger mi título de la universidad. ¿Para qué? Para nada. Le haré una foto y lo tiraré a la basura. No sobrevivirá a la mudanza, como tantas otras cosas.

 

Más o menos diría que es una buena síntesis de todo este tiempo en el que no he dicho ni mú. Si me has echado de menos, te lo agradezco en el alma. Planeo seguir escribiendo a partir de ahora, que ya he conseguido arrancar. Veremos cómo va eso.

Gracias por seguir aquí.

Un abrazo, 

P.D.: Y, por cierto, que sepas que tenemos todo esto para ayudarte, en caso de que lo necesites :)

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