Me llamo Deb.

En 2012 empecé Oye Deb, donde creo formación online para personas despiertas que quieren ser más ricas por dentro y por fuera sin seguir instrucciones de nadie. ¿Te gustaría ser tu propia gurú?

Hobby y trabajo, amante y marido

Es normal lo que pasa. A veces tenemos tantas ganas de salir de nuestros trabajos en los que estamos a pesar de tener cero vocación, o tenemos tantas ganas de dar un cambio en nuestra vida, o simplemente necesitamos un dinero extra a final de mes, que nos agarramos a lo que podemos para intentar salir de ahí. Cuando pensamos en ideas para nuestra nueva etapa profesional no siempre lo más cercano y obvio es lo más acertado. Ni lo más sencillo.

Que te guste hacer madalenas no significa necesariamente que tengas que hacerte madalenera profesional. Hay una sutil diferencia entre hacer las cosas que nos gustan por el simple placer de hacerlas (y si hacemos demasiadas porque estamos obsesionadas, regalarlas) y el hecho de vivir de ellas.

Quizás creías que te encantaba hacer madalenas pero cuando te pones diez días seguidos a cocer doscientas madalenas por día deja de gustarte tanto. O quizás te gusta hacer madalenas pero no son necesariamente las madalenas más buenas o bonitas del planeta (normalmente no somos perfectos en nuestros hobbys, no somos maestros en nuestras aficiones). O cuando aparte de las madalenas tienes que diseñar los paquetes y hacer las cuentas y montar un negocio a partir del momento madalena. La pregunta es: ¿quiero pasar los próximos cinco años cociendo madalenas de lunes a domingo seis horas por día y además pasar tres horas por día respondiendo mails, empaquetando madalenas y gritando a proveedores? Si te parece que sí, pruébalo un mes. O todos los findes, si tienes otro trabajo. ¿Te gusta lo suficiente como para sacrificar el resto de findes del mundo? Ahí tienes tu respuesta. Puede ser que sí, puede ser que no. Yo no he dicho nada. Cada una sabe en su interior lo que pasa.

Si es que sí, cómprate un buen horno y a por todas, y si es que no, investiga por otro lado, siempre hay otras salidas y a veces, como decía al principio, la más obvia no es la mejor.

Además, hay un riesgo implícito al convertir tu hobby en tu trabajo, y es que puede que directamente quemes tu hobby, porque de tanto hacerlo o de tener que hacerlo con la presión de ganar dinero (o de no perder dinero) le quita todo el encanto, la relajación y el placer de desconexión que te daba. Si lo conviertes en tu manera de hacer dinero se vuelve repetitivo, estresante y pesado. Vas a tener que buscarte otro hobby y otra forma de desconectar porque esto ya no cumplirá con su misión original. Así que:

Por qué mola que tu hobby sea tu trabajo

1 /  Porque de entrada ya te hace estar muy ilusionada y con la energía necesaria para empezar un negocio (que es mucha).

2 /  Porque sabes que lo disfrutarás, al menos una parte del trabajo (la otra son cosas inherentes a cualquier negocio, y suelen ser las más pesadas). Es más divertido que tu trabajo actual, sin duda, porque si ya lo estás haciendo en tus ratos libres y sin que te pague nadie significa que te divierte y te entretiene.

3 /  Porque puede cambiar tu manera de enfrentarte al trabajo: el trabajo puede molar y no tiene que ser una tortura diaria, y te puedes levantar cada día con ganas de hacer lo que tienes que hacer.

Por qué no mola que tu hobby sea tu trabajo

1 /  Porque deja de ser divertido siempre: vas a alterar tu percepción sobre la actividad, ahora pasará a tener un huevo de presión encima. Además, la repetición lo puede volver odioso y te tendrás que acabar buscando un nuevo hobby, este lo perderás para siempre. Como cuando tienes un amigo que pasa a ser otra cosa más amorosa y luego uno de los dos ya no quiere más: adiós amistad. Se rompe la magia de la relación.

2 /  Porque puede ser demasiado “superficial” como para pasar tu vida en ello. Puede no llenarte lo suficiente en realidad como para pasarte los próximos veinte años haciéndolo. Puede que no desarrolle todo tu potencial, sino solo una parte de tus talentos y acabes sintiéndote igual que en tu trabajo o en un trabajo cualquiera: desaprovechada.

3 /  Porque puede que no sea viable económicamente, ¿habrá realmente gente dispuesta a pagar por ello? ¿Podrás escalarlo o el máximo que puedas ganar será el máximo que puedas producir? ¿Podrás subcontratar y crecer?

A mí me gustaba hacer collarcitos, camisetas, diseñitos… Lo hice (más o menos bien) una temporada. Pero me di cuenta de que detestaba repetir el mismo objeto treinta veces, que no me gustaba el resto de trabajos que llevaba implícito —vender, subcontratar, relacionarme con tiendas, hacer ferias, mover prensa— y que para mí era demasiado esperar hacer un sueldo digno con ello. Que cada vez que me ponía a pensar en una colección que me gustara me salían cosas que probablemente no iban a ser muy comerciales. Y que lo único que disfrutaba era el momento de crear un prototipo. Cosa que, la verdad, hago mucho más feliz cuando no espero ganar un duro con ello. No me sentía plenamente yo haciendo eso que tan feliz me hacía en mi tiempo libre. Lección aprendida.

Normalmente las mejores ideas llegan después de explorar con tranquilidad los diferentes caminos y poner atención en qué nos gusta y qué no de cada parte del proceso. Tener claras tus habilidades y fortalezas y también tus debilidades, así como tus valores vitales y tus necesidades y aspiraciones, te hará elegir con sabiduría. No se trata solo de “me gusta hacer madalenas, voy a hacer un negocio donde venderé madalenas” (que puede ser, y puede ser exitoso con la fórmula adecuada), sino que las ideas de negocio tienen —tendrían, al menos— que ir más allá. Tendrían que casar con lo que tú eres.

Son demasiadas horas semanales para que no casen.

Es como cuando tienes un amante que te gusta mucho como amante (de vez en cuando, sin compromiso, para lo bueno y para divertirte) pero no querrías que fuera tu novio nunca (para los momentos bajos, para las discusiones, para la eternidad). No es que yo lo haya experimentado, pero he leído y visto muchas películas, claro. No todo sirve para siempre.

“Convertir un hobby en trabajo es como convertir a tu amante en tu novio forever. Algunos están preparados, otros no.”

 

¿Está tu hobby preparado para ser tu elección para toda la vida? ¿Te casarías con él?

¿Qué otros problemas y ventajas le veis a hacer de un hobby una profesión? Seguro que os habéis planteado muchas veces la delgada línea entre algo que te gusta y algo que deja de gustarte cuando se convierte en una obligación. Tenéis línea abierta en los comentarios, espero vuestras opiniones al respecto :)

Un abrazo,

hobby y trabajo

 

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