Me llamo Deb.

En 2012 empecé Oye Deb, donde creo formación online para personas despiertas que quieren ser más ricas por dentro y por fuera sin seguir instrucciones de nadie. ¿Te gustaría ser tu propia gurú?

¿Vas a dejar que las tendencias decidan por ti?

Mi casa está rodeada de bosques y también de campos de cultivo. La mayoría de estos campos siembran forraje para el ganado, algunos trigo, algunos colza, y algunos lo van alternando. La pasada primavera vi por primera vez que en muchos de ellos habían plantado girasoles. Me encantó porque son vistosos y también porque pensé que cuando estuvieran listos podría tomar prestados tres o cuatro para hacer una bolsita de pipas caseras.

Íbamos pasando a menudo cerca de los girasoles, que ocupaban hectáreas y hectáreas, y me di cuenta de que se quedaban muy pequeños y, al poco, se fueron mustiando y requemando con el sol. Nunca los recogieron.

Las semanas pasaban y esos campos parecían de un futuro distópico, con las plantas marrones esqueléticas como si llevasen siglos olvidadas.

Yo, que no sé nada de agricultura en absoluto, pensé que debía haber sido un mal año en la zona (igual que no tuvimos casi moras ni setas) y que se había echado todo a perder. Me supo mal y deseé que no fuera un gran golpe para los agricultores.

Un día, hablando con un amigo del pueblo, me dijo que los habían sembrado porque estaban subvencionados pero que nunca hubo ninguna intención de atenderlos, ni de recogerlos, ni de aprovecharlos, ni de venderlos, ni de nada. Se plantaron hectáreas de girasoles porque sale más a cuenta plantarlos y dejarlos morir que plantarlos, cuidarlos y venderlos, y si se plantaban girasoles les daban algo de algún gobierno. Cosas de Europa, supongo. No tengo ni idea.

De repente, después de dos o tres días de intenso trabajo, los campos aparecieron limpios y arados, listos para una nueva siembra de cualquier otra cosa. Subvencionada o no.

Pero que se use la tierra de forma tan irresponsable (y no lo digo por los agricultores, que bastante difícil lo tienen ya de por sí y no les queda otra que ceñirse a lo que les viene) me hizo pensar en la forma en la que muchas empresas se conducen hoy en día. No solo las grandes, sino también las empresas pequeñas como las nuestras.

En mi mente, la comparación es algo así.

El ente que da órdenes respecto a lo que nos conviene más hacer con nuestro negocio es la tendencia. Las mareas traen y se llevan nuevas redes sociales, nuevas formas de comunicarnos, nuevas formas de vender y nuevas formas de hacer nuestro marketing. Cada temporada lo obligatorio es algo nuevo. Ahora se llevan los anuncios de Facebook y los podcasts, ayer los vídeos de Youtube y el SEO, mañana los Snapchats y el Periscope y vete a saber tú qué más.

Si se lleva escribir libros escribimos cualquier libro, si se lleva poner hashtags ponemos hashtags, si se lleva hacer tests A/B los hacemos, si se lleva hacer webinars vamos a hacer webinars.

Nosotras hacemos lo que podemos por estar al día, porque evidentemente donde va la gente va Vicente, así que si nuestras empresas no están donde está la gente no vamos a poder conectar con nadie y nadie nos va a querer comprar nada porque no van a saber que existimos. Ese es el principal reclamo que todos los expertos en técnicas variadas usan para que te entre el pánico y aprendas a hacer lo que ellos quieren enseñarte: tienes que ir donde esté la gente y hacer lo que le guste a la gente.

A veces nos parece que nos sale más a cuenta invertir dinero y tiempo en pasar la curva de aprendizaje de cualquiera de estos procesos nuevos de tendencia para estar en la onda en el momento en que se tiene que estar, y rezar para que esta moda permanezca y podamos crecer con ella sin tener que abandonarla precipitadamente y volver a aprender el funcionamiento de la siguiente.

Pero si no queremos engañarnos tendremos que reconocer que el dinero y el tiempo invertidos en cada una de estas nuevas “técnicas” la mayoría de veces no sale rentable. Como mucho sale un punto de equilibrio en el que te quedas lo comido por lo servido, y cuando estabas empezando a pillarle el tranquillo y quizás empezaba a existir la posibilidad de arrancar beneficio tienes que dejarlo correr porque muere o sale algo mejor.

Es decir, plantas girasoles porque te dicen que girasoles y luego tienes que dejarlos morir antes de recoger siquiera unas pocas pipas.

Cuando nuestros negocios están íntimamente ligados a la tecnología y a internet es lo que hay, es un mundo en movimiento sumamente veloz, así que frente a él solo tienes dos opciones: meterte en el ojo del huracán hasta el mismo centro y navegar con él a la misma velocidad —o intentarlo como puedas— o apartarte a un lado, dejar que te despeine y quedarte siempre con cara de tonta cuando alguien te diga: “pero cómo, ¿no estás haciendo esto todavía?”, y tú aún estés intentando desentrañar la clave de lo anterior. O de lo anterior a lo anterior.

No digo que la segunda opción sea la perfecta, porque no creo que haya opciones perfectas, y porque quedarte con cara de tonta y despeinada se supone que no mola, pero esta es mi opción. Pese a que me gusta aprender y probar cosas nuevas elijo con mucho cuidado cuáles son esas cosas nuevas. Pese a que no soy la persona con más paciencia para profundizar en nada, intento cuando elijo algo llevarlo hasta un estándar de calidad que me deje orgullosa y satisfecha, hasta donde pueda. Lo hago por respeto hacia mí y a mi trabajo, y también por respeto a quien está al otro lado. Hay muchos campos enormes muertos sembrados de cualquier cosa a mi alrededor y no quiero que al mío le pase lo mismo.

Yo estoy cultivando un pequeño invernadero, de pocos metros cuadrados, en el que cada cierto tiempo añado algo nuevo, en el que hago mejoras progresivas (un día le pongo un tejado, otro añado calefacción, otro un sistema de riego automático), en el que no cultivo millones de plantas distintas pero trato de obtener la mejor variedad de las pocas que tengo. Voy lenta, sí. No abarco más de lo que puedo apretar, no, aunque a veces el fuerte viento me empuje a ello. No intento estar en todo y no me voy a dormir exhausta y con un ojo abierto por si el huracán me traga. Suelo dormir siempre tranquila. El huracán está fuera.

Y es que no se trata ni del tamaño de tu negocio ni de lo poco o mucho que quieras conseguir con él, se trata de entender siempre por qué siembras girasoles o por qué eliges no sembrarlos.

¿Quién va a decidir qué es lo que toca a continuación en tu negocio o en tu vida: la moda o tú?

Un abrazo,

tendencia

 

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