Sobre el aburrimiento, el linchamiento popular, dejar de publicar en tu blog en verano y unas cuantas cosas más

Echaba de menos escribir las newsletters porque, además de ser textos caóticos que disfruto mucho escribiendo, enlazando una cosa tras otra según se me van ocurriendo, me dejan hacer algo que me encanta: pensar en por qué me gusta lo que me gusta y explicarlo, para que si hay posibilidad de que a alguien más le guste y lo disfrute como yo, suceda. Si me quedo callada quizás alguien a quien le podría interesar se lo pierde, así que ¿por qué iba a hacer algo así? Y si hago como tantísima otra gente, y en lugar de compartir lo que me gusta me dedico a machacar lo que no me gusta y a recordarle a los demás por qué tal cosa se merece desaparecer de la faz de la tierra o por qué tal otra me da ganas de arrancarme los ojos para no volver a verlo, ¿no estaré impidiendo que eso que tanto me disgusta quede olvidado para siempre solo por querer airear su “indefendibilidad”?

Tener un negocio sano es cuestión de atención

Cuidar plantas, me he dado cuenta, es una cuestión de atención. Las plantas silvestres son independientes y sobreviven como pueden, haciéndose fuertes solas, pero las plantas de hogar, las de maceta, las creadas para tu disfrute, dependen de ti. Lo intentan igual que todo ser vivo lucha por sobrevivir, pero dependen de ti. Porque en tu casa no llueve. Porque ellas no han decidido la temperatura, ni la humedad, ni la luz. Porque no están en su hábitat (nunca habrían escogido nacer en ese rincón de tu salón, pobrecillas).

Así que tener plantas de interior y lograr que sobrevivan no depende solamente de tus conocimientos o de tu experiencia o de tu pulgar verde –¿se traduce así green thumb?-, aunque todo esto claramente ayuda. Depende en gran medida de tu atención.

Por qué deberías hacerle preguntas a tu empresa y pararte a responderlas

Hace un tiempo un amigo me escribió para decirme que leyendo un post mío había pensado en lo curioso que es que en español cuando alguien no trabaja se diga que está “parado”. Que lo contrario a estar “parado”, entonces, sería estar “en funcionamiento”. O como dicen en el telediario, “en activo”.

Pensé en que estar parado o estar en funcionamiento no suena a ser vivo. Es decir, no dices de un perro que está parado (a no ser que te refieras a que se ha quedado quieto durante unos instantes) o que está funcionando. No lo dices de un pájaro. Esta expresión la usarías solamente haciendo referencia a una máquina, a algún mecanismo con posición de “on” y de “off” y que alterna entre las dos según convenga. Un coche está parado o funcionando. Un ordenador. Una tostadora. Un aspirador. Un corta-césped. Un robot.

Y aparentemente también las personas adultas cuando no tenemos un trabajo.

Aprender a descansar en la incomodidad

La mejor compra de este año es una colchoneta-butaca para la piscina. Y por menos de 15 euros. La mejor compra y la más barata. La cogimos la semana pasada y es lo más cómodo que te puedas imaginar. Te tumbas allí y vas dejándote llevar por la brisa, con las manitas dentro del agua, o fuera, con los pies colgando relajados, con el solecito dándote, te puedes ir echando agua cada vez que quieres y tiene hasta un agujerito para colocar un vaso, lo que ya la convierte en la colchoneta perfecta. No sé cómo hemos esperado tanto para tener una, la verdad.

¿Qué significa realmente el descanso?

En el campo he entendido la cualidad cíclica de la vida en general y de las cosas y seres que ocupan la vida en particular.

Nunca antes había visto las estaciones pasar con tanta claridad. No sólo en el clima, sino en todo el entorno. Todos los cambios que provoca pasar del verano al otoño o del invierno a la primavera: en los animales, en las plantas, en el cielo, en nosotros.

¿En qué se parecen los chinos antiguos, David Lynch y el feminismo?

Este mes de mayo he estado escribiendo sobre la perseverancia, la persistencia y la paciencia. El monotema del mes, aplicado a nuestros negocios y nuestras vidas. Hoy quiero cerrarlo con la newsletter, en la que hablo de lo mismo pero juntándolo con referentes mucho más personales. De ahí el título raro que ha salido :)

Para mí, perseverar o persistir no tiene que ver con la tozudez o la cabezonería. No es un acto de rebelión contra el exterior, ni siquiera contra ti misma, que quizás te dejarías vencer por la pereza o el desánimo. La perseverancia para mí consiste en hacer lo que tienes que hacer para tener la vida que quieres tener.

Y que no importe nada más mientras tú sigas tu camino. Con firmeza y flexibilidad a la vez, en un equilibrio complejo y lleno de fricciones, que sin embargo, si hay algún equilibrio en la vida que valga la pena esforzarse por conseguir, debería ser este, pues es el que nos garantiza afrontar el resto de equilibrios de la vida.

La persistencia de las hormigas

Las hormigas cargan un montón de veces su peso. Las observo casi cada día, cada vez que salgo. Siempre hay alguna haciendo algo extraordinario.

Las veo intentando meter en el agujero del hormiguero cosas tan grandes que es imposible que quepan. Lo intentan una y otra vez, de diferentes formas. A veces se rinden y lo dejan fuera, pero sé que harán algo para acabar metiéndolo, quizás lo dividen entre todas en porciones más pequeñas. A veces cargan con bichos enormes, o trozos de planta gigantes. Las veo con una dirección fija, arrastrando y arrastrando. A veces peleándose contra el viento, que las levanta de golpe y las deja vete a saber dónde (siempre pegadas a su carga, no la sueltan ni queriendo). Saben lo que tienen que hacer y lo hacen. Son parte de un sistema grandioso en el que no tienen demasiada importancia como individuos pero sí como pieza indispensable del engranaje, y lo que traen a casa es valioso.

Lo que el padre de una amiga me enseñó sobre la perseverancia

Mi amiga Violeta tiene un padre (como todos en la vida), pero su padre es bastante sabio. Es un señor alto y elegante, con bigote espeso y ojos sonrientes, al que le gusta llevar sombrero. Empezó de la más absoluta nada y se fue haciendo su nombre y su hueco como traductor y también como escritor y teórico, codeándose con gente tan intelectual a los que casi no sabes ni qué decir, y convirtiéndose también en uno de ellos. Ha trabajado siempre desde casa, en un despacho instalado al final de un pasillo –ancho, pero pasillo al fin y al cabo-. Ni siquiera tienen coche. Quiero decir que es un hombre humilde de vida tranquila, pese a su nombre y a su experiencia.

Estoy segura de que a Violeta le ha enseñado millones de cosas, pero hay una que también me ha enseñado a mí a través de ella, y la recuerdo casi a diario. De verdad, siempre pienso en ello.